
Un día decidí leer tus cartas me percate de tus lindos pensamientos pero eso abra que dado atrás como cada día al amanecer y que con cada atardecer agoniza el día dando un giro mortal con la suave noche comprendí que así también murieron nuestras ilusiones que nos hizo latir el corazón a la par agonizando con una suave caricia en el absoluto silencio de nuestro egoísmo.