
Amaneció un día hermoso un día como ninguno de los que había vivido era extraño hasta incluso caminar descalza entre las espinas que el viento arrastraba en el patio de mi casa las flores me sonreían y los pajarillos cantaban una linda melodía que un príncipe misterioso les había mandado a cantarme al oído y las mariposas me hacían un lindo vestido lleno de color las hojas frescas de los arboles se moldeaban en mis pies dándole forma a una zapatilla mientras las hojas secas le daban forma a la altura de la zapatilla al igual que el mismo viento me peinaba mi cabello largo para lucir hermosa mientras que los rayos del sol se mantenían fijos en mi maquillándome perfectamente el rostro para lucir como ninguna había lucido nunca antes porque estaba la vida impresionada conmigo dándome la frescura y la naturalidad en la misma magia de la naturaleza que se maravilla con mi presencia.
