
Hubo un tiempo que las noches se fueron haciendo amargas y las madrugadas de eterna agonía el dolor se clavaba en mis huesos y la desdicha de mis días se hicieron eternos, pero un día salió la tristeza por mi ventana y entro la felicidad por mi puerta los días se hicieron hermosos las tardes llenas de felicidad y desde entonces vivo feliz reinando en la eterna dicha de mi alegría que vivo eternamente.






